| BAJO LA PROTECCION DEL REY |
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Mirábamos en la televisión un reportaje sobre una tribu de pequeños simios en una isla en el Japón. Estos simios venían siendo estudiados desde hace mucho tiempo, los científicos conocían todas sus costumbres, la manada lograba sobrevivir en una zona extremadamente fría gracias a la presencia de aguas termales en el sector que le daban el calor necesario para poder enfrentarse al rudo clima, los científicos le ayudaban en su alimentación dejándoles granos de trigo en las orillas de la playa, esta tribu sabia el día y la hora en que venían a dejarle la comida y esperaban pacientemente a sus proveedores. Cuando el trigo era distribuido los simios se acercaban para recogerlos y alimentarse; el modo de convivencia de ellos era ultra jerárquico, es decir, había un solo y único jefe que dominaba sobre toda la tribu. Cuando era momento de aprovechar el trigo, el rey era el primero en llegar mientras que los otros esperaban pacientemente su turno. Este rey tenía un privilegio de tres metros alrededor de él, donde ningún otro simio podía acercarse bajo pena de severo castigo, y todos se cuidaban de no penetrar en esta zona exclusiva. ¿Todos?... ¡No! Había un pequeño simio que se atrevía a comer junto al rey sin que sufriera castigo alguno, y los otros, algo increíble, le respetaban. ¿Quién era este pequeño? No era un hijo del rey, tampoco era miembro de su familia, simplemente era un huérfano cuya madre había muerto al momento de parirlo y por misericordia otra hembra lo había tomado bajo su cuidado. Entonces, ¿qué paso? ¿Por qué él tenía el privilegio que era negado a todos los otros? La respuesta es simple… El rey de la tribu era un rey temido pero también era movido a misericordia y protegía a esta abandonada criatura de tal manera que le permitía comer mismo de su propio privilegio. Nos conmovió tanto esta historia que comenzamos a comentarla un poco, y decíamos que este rey actuaba con amor con los desamparados; y cuanto más nuestro Dios que está en los Cielos, que es Nuestro Padre, nos dará de todas sus riquezas a nosotros sus hijos, cuánto más y mucho más puede hacer Dios para con nosotros. |