| SABIO O NECIO |
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Mirábamos con mis hijos en la televisión un programa que cuenta el control aduanero estricto que hacen los australianos en sus aeropuertos. Ese día, mostraban el caso de un joven americano que deseaba entrar en Australia como turista; en el cuestionario de entrada al país marcó el casillero correspondiente como poseedor de antecedentes judiciales. Normalmente la ley australiana estipula que si una persona es poseedora de antecedentes penales debe solicitar una visa en su país de origen. Este joven no lo había hecho así. Pero honestamente señaló que poseía antecedentes. Los oficiales aduaneros le notificaron que estaba en falta y que debían hacer una serie de verificaciones, que deberían interrogarlo para luego tomar la decisión de dejarlo entrar o expulsarlo del país. Este joven se prestó voluntario a responder a todas las preguntas que le hicieron. Contó que su delito era de hacía más de siete años, que había cumplido su condena, se había arrepentido de ello y que había cambiado totalmente el rumbo de su vida, para convertirse en un hombre honesto y trabajador. Los agentes verificaron las respuestas y tomaron la decisión de dejarlo entrar al país. Los argumentos de esa decisión, le dijeron, era porque había actuado sabiamente: sin mentir, honestamente, a pesar de su error, habiendo podido esconder sus antecedentes. Su honestidad le valió la visa. En el Libro de Efesios el Apóstol Pablo nos exhorta a ser diligentes para andar como sabios y no como necios. Cuantos errores cometemos a diario por no tomar nuestras decisiones sabiamente. A cada instante estamos confrontados a prioridades y a tomar decisiones importantes, o menos importantes, que tendrán duras consecuencias si no la tomamos sabiamente como cristianos practicantes que somos. El Libro de Proverbios está lleno de comparaciones entre el actuar de un sabio y el actuar de un insensato. El tomar una sabia decisión significa estar en un estado de ánimo tal que podamos tomarla sin malas influencias. Nuestro principal enemigo es nuestro propio carácter. Un sabio decía: “Aquel que controla su carácter, domina a su peor enemigo”. Mucha gente tiene buenas intenciones, pero las buenas intenciones no les hacen diferentes de los demás. Lo que te hace diferente de los demás son las buenas obras que salen de tu corazón, actuando como sabio y no como necio. CRV |